Nace en Pisa en 1564 y, desde muy joven, se dedica al cultivo formal de la inspiración artística hasta su matriculación universitaria; sin embargo, hacia los dieciséis años se apasiona por los estudios de matemáticas y de geometría euclidiana. Los primeros tratados en latín y en lengua vulgar son ensayos didácticos sobre la construcción y el uso de instrumentos científicos y mecánicos, o demostraciones matemáticas de teoremas, arquitecturas lógicas y cosmologías, aunque pronto se encaminará hacia la refutación de algunos dogmas aristotélicos mediante la experimentación directa. La observación y el empirismo constituirán la base del método galileano a lo largo de toda su carrera, tanto académica como, durante un breve período en Padua, militar, en calidad de ingeniero y consejero privado.
Es en 1597 cuando Galileo Galilei tiene conocimiento de la reducidísima intelligentia europea copernicana y entra indirectamente, y en una relación epistolar intermitente, en contacto con Kepler gracias al obsequio a la cátedra de Padua de su obra astronómica Mysterium cosmographicum (1596) por mediación de Paul Homberger, por voluntad del propio astrónomo alemán, deseoso de compartir sus cálculos y descubrimientos con las academias de Europa.
De este renovado vigor científico nace que Galilei, de regreso a Toscana en calidad de Matemático y Filósofo del Gran Duque, conciba sus invenciones y obras hoy todavía más conocidas, como el telescopio, descrito técnicamente en el Sidereus Nuncius (1610), dedicado a Cosme II de Toscana, y, tras un largo intervalo, el consiguiente El Ensayador (1623), un ensayo magistral de polémica literaria y científica que anticipará, en cierto modo, el similar Diálogo sobre los dos máximos sistemas (1624-1630), publicado en 1632 en Florencia por Giovan Battista Landini. Con estas dos obras se abre, con pleno derecho, un vivo interés entre los contemporáneos —de Galilei y también de los nuestros— por la curiosa elección del uso de la lengua vulgar en lugar del latín para escribir sobre cuestiones científicas, dado que la lengua vulgar sirvió para su máxima difusión en la patria entre detractores e inquisidores, mientras que la escritura en latín habría —y de hecho tendrá, con las tardías traducciones promovidas por el propio Galilei— lectores y defensores de las tesis copernicanas en toda Europa.
Si no puede refutarse el conocimiento por parte de Galileo Galilei del Convivio de Dante y de sus apologías de la lengua vulgar —en la triple motivación de la «cautela de desorden inconveniente», la «prontitud de liberalidad» y el «amor natural a la propia lengua»—, quizá resulte más probable atribuir esta elección a la influencia de la figura de Alessandro Piccolomini durante el período paduano de Galilei, así como a su voluntad de atraerse la benevolencia de la casa de los Medici de Toscana, ennobleciendo al mismo tiempo y de manera recíproca la función política relevante de la lengua florentina y las novedades tecnológicas y científicas posibles gracias al telescopio y al método experimental, como testimonia la correspondencia privada de Galilei.
Bibliográficos
Campa R., (2019), Il convivio linguistico. Riflessioni sul ruolo dell’italiano nel mondo contemporaneo, Carocci, Roma.
Giglioni, G. (2010). The first of the moderns or the last of the ancients? Bernardino Telesio on nature and sentience. Bruniana & campanelliana, 69-87.
Telesio, B., Treccani (o.l.) (Visite el link consultato il 14/10/2020).
Van Deusen, N. C. (1932). Telesio: the First of the Moderns, New York, Columbia university.